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Itinerarios para adolescentes y jóvenes

A continuación podrás descargar el documento de Anexos que complementa los entrenamientos para la formación de formadores de acompañantes:

Documento de Anexos - entrenamientos para la formación de formadores de acompañantes

 

ITINERARIOS DE INICIACIÓN CRISTIANA DE ADOLESCENTES Y JÓVENES

Presentación.

Desde el inicio de su pontificado el Papa Francisco ha invitado a la Iglesia a llevar un verdadero camino sinodal con los jóvenes de hoy.[1] Y no sólo porque en el año 2018 se haya llevado a cabo un sínodo de obispos sobre los jóvenes. Es también un llamado a que la conversión misionera toque y renueve los caminos de encuentro entre Iglesia y jóvenes.[2]

El documento final del sínodo de obispos sobre los jóvenes constata con preocupación que no obstante los esfuerzos y las innovaciones pastorales en curso, persisten situaciones en la Iglesia que obstaculizan el acompañar a los jóvenes, escucharlos, caminar con ellos.[3]

Afirman los Obispos reunidos en la asamblea sinodal sobre la parroquia que “a pesar de que siga siendo la primera y principal forma del ser Iglesia en el territorio, a ella le cuesta ser un lugar relevante para los jóvenes”, pues “a menudo el río de la vida juvenil fluye al margen de la comunidad, sin encontrarla”.[4]

También se nota, señalan de nuevo los obispos, “que los recorridos de la iniciación cristiana no siempre logran introducir a los niños, adolescentes y jóvenes en la belleza de la experiencia de fe; donde se cede a la lógica de la delegación y predomina la organización burocrática, la iniciación cristiana se malinterpreta y se concibe como un curso de educación religiosa que habitualmente termina con el sacramento de la Confirmación”.[5]

En la arquidiócesis se Bogotá se es consciente de esta situación y de la necesaria conversión misionera de las parroquias para que sean en verdad espacios de acogida de los jóvenes, como de la misma renovación misionera y catecumenal de la iniciación cristiana de los adolescentes y jóvenes.

Este camino de conversión pastoral misionera ha llevado a la arquidiócesis de Bogotá, a generar procesos de revisión de los itinerarios de iniciación para las distintas edades de la vida, en la particularidad de su ciclo vital, de su realidad socio cultural y religiosa.

Para el caso de los adolescentes y jóvenes, la coordinación de iniciación cristiana y la pastoral juvenil han elaborado la siguiente propuesta de de itinerarios de iniciación cristiana de adolescentes y jóvenes, a partir del siguiente llamado del Papa Francisco: “La pastoral juvenil, tal como estábamos acostumbrados a desarrollarla, ha sufrido el embate de los cambios sociales. Los jóvenes, en las estructuras habituales, no suelen encontrar respuestas a sus inquietudes, necesidades, problemáticas y heridas. A los adultos nos cuesta escucharlos con paciencia, comprender sus inquietudes o sus reclamos, y aprender a hablarles en el lenguaje que ellos comprenden. Por esa misma razón, las propuestas educativas no producen los frutos esperados”.[6]

Características y elementos de los itinerarios

La ruta de itinerarios  que se presenta a continuación ha acogido la amplia experiencia de la Iglesia latinoamericana y colombiana en su caminar juntos con los jóvenes, el enfoque catecumenal de la iniciación cristiana, la rica reflexión del sínodo de obispos sobre los jóvenes y las sugerencias pastorales del Papa Francisco en su Exhortación posinodal “Cristo vive”.

  1. Característica abierta y plural de los itinerarios:

Los Obispos reunidos en Aparecida reflexionaron de modo preferencial en el proceso de formación de los discípulos misioneros. En este sentido destacan que “el itinerario formativo del seguidor de Jesús hunde sus raíces en la naturaleza dinámica de la persona y en la invitación personal de Jesucristo, que llama a los suyos por su nombre, y éstos lo siguen porque conocen su voz”.[7]

Ello pide una formación respetuosa de los procesos personales y de los ritmos comunitarios, con lo cual se hace necesario que la comunidad ofrezca itinerarios diversificados, continuos y graduales, así como equipos de formación convenientemente preparados que aseguren la eficacia del proceso mismo y que acompañen a las personas con pedagogías dinámicas, activas y abiertas. [8]

Dicha característica que es propia de todo itinerario de iniciación cristiana, asume dinamismos propios en el caso de la iniciación de los adolescentes y jóvenes, dado la pluralidad de condiciones juveniles y el cambio constante en las mismas. Por ello el Papa, de nuevo en la Exhortación Cristo Vive, se refiere a diversidad y flexibilidad de los itinerarios con adolescentes y jóvenes: “Es muy importante dar lugar a una pastoral popular juvenil, que tiene otro estilo, otros tiempos, otro ritmo, otra metodología.

“Consiste en una pastoral más amplia y flexible que estimule, en los distintos lugares donde se mueven los jóvenes reales. Se trata ante todo de no ponerles tantos obstáculos, normas, controles y marcos obligatorios. Sólo hay que acompañarlos y estimularlos, confiando un poco más en la genialidad del Espíritu Santo que actúa como quiere. Por tanto, es urgente repensar a fondo el enfoque de la catequesis y el nexo entre transmisión familiar y comunitaria de la fe, basándose en los procesos de acompañamiento personales”.[9]

En la propuesta arquidiocesana esta característica se hace presente en el modo flexible, abierto, dinámico que se asumen y entienden los cuatro escenarios de ingreso, de iniciación y permanencia que estructura la formación de los acompañantes y la puesta en marcha de los itinerarios comunitarios con adolescentes y jóvenes.

La imagen de los escenarios está inspirada en el documento “Proponer hoy la fe a los jóvenes” de la Asamblea de los Obispos de Quebec. Allí se sugieren algunas orientaciones para la transmisión de la fe a las jóvenes generaciones en las condiciones actuales del mundo desde nuevos rasgos culturales que parten concretamente de la experiencia humana, como un retorno a la fuente. “Es aprender a reconocer, en las diversas etapas de la vida, esta fuente que el Espíritu hace surgir en el corazón de los seres, como un don, como una fecundidad nueva. “Escucha en ti la fuente que te habla de amar” dice el canto litúrgico. Esta inspiración estaba ya escrita en el prólogo de todo el esfuerzo de la catequesis en los años 60: “Oigo en mí como un murmullo de agua viva que dice: Ven al Padre” (Ignacio de Antioquía). Es importante volver a esta inspiración profunda”.[10]

Estos cuatro escenarios son, a su vez, los signos del Reino que caracterizan toda experiencia comunitaria de fe: Palabra, Servicio, Liturgia, Oración - Sacramentos y Comunión – comunidad; escenarios que a su vez guardan correlación existencial y teológica con intereses vitales de los adolescentes y jóvenes:

Interés juvenil

Jesús

Comunidad cristiana (signos del Reino – escenarios para los itinerarios)

Búsqueda de sentido

Anuncia la Buena Nueva

Palabra de Dios

Compromiso de transformación de la sociedad desde los pobres

Entrega su vida como signo de compromiso por una realidad diferente

Servicio

Celebración, arte y simbología

Vive y nos invita a una nueva forma de adorar a Dios y entrar en relación con Él

Liturgia, oración y sacramentos

Socializar y fraternizar

Genera y vive en una comunidad de discípulos

Comunión y comunidad

Esta correlación entre interés juvenil, propuesta cristiana y la persona de Jesús, es un camino válido reconocido por el Papa, para encontrarse con los jóvenes en su diversidad de situaciones, ambientes y edades: “En algunos jóvenes reconocemos un deseo de Dios, aunque no tenga todos los contornos del Dios revelado. En otros podremos vislumbrar un sueño de fraternidad, que no es poco. En muchos habrá un deseo real de desarrollar las capacidades que hay en ellos para aportarle algo al mundo. En algunos vemos una sensibilidad artística especial, o una búsqueda de armonía con la naturaleza. En otros habrá quizás una gran necesidad de comunicación. En muchos de ellos encontraremos un profundo deseo de una vida diferente. Se trata de verdaderos puntos de partida, fibras interiores que esperan con apertura una palabra de estímulo, de luz y de aliento”.[11]

La propuesta de las rutas de los escenarios encuentra pertinencia, sustento y concreción en otras reflexiones del Papa Francisco: “Muchos jóvenes son capaces de aprender a gustar del silencio y de la intimidad con Dios. También han crecido los grupos que se reúnen a adorar al Santísimo o a orar con la Palabra de Dios. No hay que menospreciar a los jóvenes como si fueran incapaces de abrirse a propuestas contemplativas. Sólo hace falta encontrar los estilos y las modalidades adecuadas para ayudarlos a iniciarse en esta experiencia de tan alto valor. Es importante aprovechar los momentos más fuertes del año litúrgico, particularmente la Semana Santa, Pentecostés y Navidad. Ellos también disfrutan de otros encuentros festivos, que cortan la rutina y que ayudan a experimentar la alegría de la fe. Una oportunidad única para el crecimiento y también de apertura al don divino de la fe y la caridad es el servicio: muchos jóvenes se sienten atraídos por la posibilidad de ayudar a otros, especialmente a niños y pobres. A menudo este servicio es el primer paso para descubrir o redescubrir la vida cristiana y eclesial. Es igualmente significativa la relevancia que tiene entre los jóvenes la práctica deportiva, cuyas potencialidades en clave educativa y formativa la Iglesia no debe subestimar, sino mantener una sólida presencia en este campo.

En muchos adolescentes y jóvenes despierta especial atracción el contacto con la creación, y son sensibles hacia el cuidado del ambiente, como ocurre con los Scouts y con otros grupos que organizan jornadas de contacto con la naturaleza, campamentos, caminatas, expediciones y campañas ambientales”. [12]

De este modo, la comunidad de modo dinámico y flexible se encuentra con los adolescentes y jóvenes en cualquiera de estos escenarios. No se trata que todos se encuentren con Cristo en la Iglesia por el mismo escenario. La comunidad favorece que ellos entren en contacto con Cristo por cualquiera de ellos y luego los invita a tener experiencia de Cristo en los otros, sin ningún orden preestablecido, sino que, dada la característica sinodal, acompañando y dando protagonismo a los jóvenes, dando espacio y creatividad a ellos en los modos de entrar, intercambiar escenarios y articularlos.

En palabras del Papa esto significa “dejar atrás la tendencia a dar respuestas preconfeccionadas y recetas preparadas. A modo del estilo de Jesús, se debe dejar espacio a las preguntas que los jóvenes se planteen con su novedad y acoger su provocación. Cuando la Iglesia abandona esquemas rígidos y se abre a la escucha disponible y atenta de los jóvenes, esta empatía la enriquece, porque permite que los jóvenes den su aportación a la comunidad, ayudándola a abrirse a nuevas sensibilidades y a plantearse preguntas inéditas”.[13]

Ello significa que en una misma comunidad puede haber rutas distintas que acompañan la pluralidad de situaciones del mundo juvenil y sus intereses. Así se hace efectivo uno de los llamados del Papa Francisco en relación con el acompañamiento juvenil: “Exhorto a las comunidades a realizar con respeto y con seriedad un examen de su propia realidad juvenil más cercana, para poder discernir los caminos pastorales más adecuados”.[14]

Esta formulación abierta, plural y flexible de los itinerarios, responde además a la misma dinámica y gradualidad de la evangelización, como a las mismas dinámicas juveniles. Algo señalado por el Para Francisco: “Los jóvenes nos hacen ver la necesidad de asumir nuevos estilos y nuevas estrategias. Por ejemplo, mientras los adultos suelen preocuparse por tener todo planificado, con reuniones periódicas y horarios fijos, hoy la mayoría de los jóvenes difícilmente se siente atraída por esos esquemas pastorales. La pastoral juvenil necesita adquirir otra flexibilidad, y convocar a los jóvenes a eventos, a acontecimientos que cada tanto les ofrezcan un lugar donde no sólo reciban una formación, sino que también les permitan compartir la vida, celebrar, cantar, escuchar testimonios reales y experimentar el encuentro comunitario con el Dios vivo”.[15]

El carácter sinodal del itinerario, hace que los acompañantes junto con los adolescentes y jóvenes identifiquen y construyan juntos una ruta de anuncios tomados de la Escritura del Magisterio, que responda a su realidad, sus preguntas e intereses. Esto significa que no existen temas predeterminados, sino que se van construyendo en el camino, arraigándose en la persona de Jesús en la comunidad.

Así mismo sucede con el tiempo, pues es el mismo grupo el que va identificando el ritmo y la frecuencia de los encuentros. La permanencia de los jóvenes en la comunidad brota de modo espontáneo gracias al encuentro con Jesús en la iglesia, vinculándose de modo libre y gozoso en ella.

  1. Característica de iniciación de los itinerarios.

En las actuales y diversas situaciones de los adolescentes y jóvenes frente a Cristo y su Iglesia, no es fácil distinguir lo que es lo propio y especifico de la iniciación cristiana en relación con la pastoral juvenil. Hoy día, la iniciación cristiana en estas edades debe cumplir de modo gradual, simultaneo y articulado, tareas de primer anuncio, de iniciación cristiana y de educación permanente en la fe. En este sentido, “la palabra itinerario propone ante todo la idea del aprendizaje de la verdad. Hace sitio a la persona, a su autonomía, a su evolución. Pasa de una verdad aprendida a una verdad experimentada. Una verdad consolidada, comprobada con la experiencia, que acaba en una convicción personal”.[16]

 

 No obstante, la forma múltiple y amplia de tareas que asume la iniciación de adolescentes y jóvenes, hoy día hay que dar mayor importancia al siguiente principio pedagógico señalado por el Directorio General para la Catequesis: Con todo hay que poner de relieve, que la evangelización contemporánea de los jóvenes debe adoptar con frecuencia un carácter misionero más que el estrictamente catecumenal. En realidad, la situación exige a menudo que la acción apostólica con los jóvenes sea de índole humanizadora y misionera, como primer paso necesario para que maduren unas disposiciones más favorables a la acción estrictamente catequética. Por tanto, muchas veces en la realidad, será oportuno intensificar la acción precatecumenal al interior de procesos educativos globales”.[17]

Este principio hace necesario superar formas y modos de iniciación que han dado por supuesta la primera conversión a Jesús por parte de los adolescentes y jóvenes, dando prioridad a la acción de primer anuncio como paso previo y estrictamente necesario a la experiencia catecumenal propiamente dicha.

Los itinerarios de iniciación en comunidad tienen como propósito fundamental que los adolescentes y jóvenes vivan una experiencia de encuentro con Cristo. Busca también que se tenga experiencia vital de la comunidad cristiana, presencia de Jesús Resucitado entre nosotros. En el centro de los itinerarios esta la dimensión espiritual de los mismos, y a su servicio están tanto la palabra y los anuncios catequísticos como lo litúrgico y sacramental. Con ello se cumple la inspiración catecumenal de los mismos.  

Si bien se privilegia el momento misionero al catecumenal propiamente dicho, estos itinerarios también son momento para acoger y celebrar por parte de los adolescentes y jóvenes los sacramentos de iniciación cristiana: Bautismo, Confirmación y Eucaristía. Como está estructurada la propuesta por distintos escenarios, es claro que estos itinerarios son más que los tradicionales cursos parroquiales a cada uno de estos sacramentos. Se espera más bien que con este modo de acompañar, la solicitud por alguno de estos sacramentos brote de la experiencia del encuentro con Cristo en la Iglesia, y no porque se ve forzado por un adulto o su familia.

Se habla de los tres sacramentos de iniciación y no sólo de la confirmación, porque los itinerarios están abiertos a la participación de cualquier tipo de joven, haya o no celebrado el bautismo, la confirmación o la eucaristía. Para unos y otros, tanto los que ya hayan celebrado los sacramentos, como para los que ninguno o alguno de ellos, la invitación es la misma: encontrase con Jesús o dejarse encontrar por él.

Los itinerarios de acompañamiento juvenil en comunidad de iniciación cristiana, se propaga gradualmente, en tres momentos articulados entre sí: a) misionero; b) catecumenal y sacramental; y c) de estructuración y consolidación de pequeña comunidad. 

En este tiempo los acompañantes, la comunidad y los jóvenes realizan un ejercicio de discernimiento sobre el momento adecuado para llamar a los jóvenes a celebrar en comunidad los sacramentos de iniciación.

Todo ello ha de conducir al momento de permanencia, de desarrollo continuo de la fe, de la vida cristiana en comunidad, de testimonio y de presencia en el mundo.

Los grupos que se formen de adolescentes y jóvenes por escenarios se organizan por intereses y no por grados escolares o edades, de modo que dicha diversidad etaria y escolar también es un motivo para generar aprendizajes diferenciados, intergeneracionales y suscitar liderazgos.

Los escenarios puertas en su dinamicidad y flexibilidad también van a permitir que en los itinerarios se den encuentros y celebraciones intergeneracionales con miembros adultos de la comunidad cristiana, congregados en grupos pastorales o no, e incluso con los niños y sus familias.

La dinámica de los escenarios también es ocasión para que otros jóvenes que están en búsqueda puedan tener contacto con la comunidad en actividades específicas abiertas a todos y con jóvenes que ya están en camino de crecimiento continuo. Esta flexibilidad va a permitir que existan este tipo de encuentros de aprendizaje en comunidad:

  • Grupos por escenario.
  • Interacción con los grupos de otros escenarios, con todos o algunos de ellos.
  • Interacción con miembros jóvenes o adultos de la comunidad, vinculados a estos escenarios. Es decir, con adultos o jóvenes vinculados a la comunidad en experiencias de palabra, servicio, comunión o liturgia.
  • Interacción con miembros de otras comunidades o espacios eclesiales.
  • Interacción con jóvenes que participan en alguna actividad concreta.

Esta diversidad de interacciones y encuentros va a permitir que los jóvenes aprendan de la comunidad, que la comunidad aprenda y asuma la riqueza de los jóvenes y que a su vez jóvenes y comunidad, renueven su camino personal y comunitario en el seguimiento de Jesús.

  1. Los acompañantes y su formación

Los acompañantes a formar son.

  • Adolescentes, jóvenes y/o adultos.
  • Presbíteros, religiosos, religiosas y matrimonios. 

La propuesta busca formar acompañantes para todos los espacios eclesiales: parroquias, colegios, universidades y movimientos apostólicos. El principio que se busca es una iniciación cristiana desde para y en la comunidad, superando así el carácter de curso presacramental a la confirmación, que la caracteriza hoy.

El Papa recoge en la exhortación postsinodal el perfil de estos acompañantes del mundo y de la experiencia juvenil: “Las cualidades de dicho mentor incluyen: que sea un auténtico cristiano comprometido con la Iglesia y con el mundo; que busque constantemente la santidad; que comprenda sin juzgar; que sepa escuchar activamente las necesidades de los jóvenes y pueda responderles con gentileza; que sea muy bondadoso, y consciente de sí mismo; que reconozca sus límites y que conozca la alegría y el sufrimiento que todo camino espiritual conlleva. Una característica especialmente importante en un mentor, es el reconocimiento de su propia humanidad. Que son seres humanos que cometen errores: personas imperfectas, que se reconocen pecadores perdonados”.[18]

Además de estas características, la propuesta pide que quienes van a ser acompañantes, cumpla con estas otras condiciones:

  • Ser un miembro activo de la comunidad parroquial o el espacio eclesial correspondiente.
  • Tener voluntad, deseo y tiempo de acompañar adolescentes y jóvenes.
  • Actitud de apertura frente a la realidad juvenil, exenta de juicios.
  • Actitudes de creatividad e innovación pedagógica y pastoral
  • Uso y reconocimiento del valor de las nuevas tecnologías de la comunicación y de las redes sociales.
  • Haber realizado o estar estudiando en la Escuela de Evangelización de la Arquidiócesis de Bogotá.

Esencialmente se acoge el llamado del Papa Francisco sobre la importancia del acompañamiento personal en los procesos de crecimiento: “La Iglesia tendrá que iniciar a sus hermanos —sacerdotes, religiosos y laicos— en este «arte del acompañamiento», para que todos aprendan siempre a quitarse las sandalias ante la tierra sagrada del otro (cf. Ex 3,5).[19]

Para el caso específico del acompañamiento de jóvenes, la propuesta acoge tanto lo dicho sobre ella en el sínodo de obispos, como lo señalado por el Papa en la exhortación apostólica “Cristo vive”: “Los jóvenes necesitan ser respetados en su libertad, pero también necesitan ser acompañados (…) La comunidad tiene un rol muy importante en el acompañamiento de los jóvenes, y es la comunidad entera la que debe sentirse responsable de acogerlos, motivarlos, alentarlos y estimularlos. Esto implica que se mire a los jóvenes con comprensión, valoración y afecto, y no que se los juzgue permanentemente o se les exija una perfección que no responde a su edad (…) Además, el Sínodo reconoce la necesidad de preparar consagrados y laicos, hombres y mujeres, que estén cualificados para el acompañamiento de los jóvenes (…)  Además, hay que acompañar especialmente a los jóvenes que se perfilan como líderes, para que puedan formarse y capacitarse”.[20]

El protagonismo y compromiso del párroco y de la comunidad en todas las fases de la propuesta es vital y necesaria, con las siguientes características:

  • En la selección de los acompañantes.
  • En la cercanía pastoral a cada uno de ellos.
  • En la apropiación de la pedagogía de los itinerarios por escenarios diversificados, abiertos y complementarios.
  • .En acompañar la formación inicial.
  • En la formación permanente.
  • En la puesta en marcha de los itinerarios.
  • En su presencia activa en los itinerarios que se realicen en su comunidad.

Cada Vicaría Episcopal Territorial (VET) con el apoyo de la coordinación de iniciación cristiana, la pastoral juvenil y el grupo de asesores expertos, será la encargada de realizar esta formación en los modos y momentos que considere más adecuados.

Para ello, cada vicaría ha de contar con un equipo de formación de acompañantes (8 formadores - número que irá aumentando a medida que la propuesta se ponga en marcha), quienes a su vez recibirán una formación y un acompañamiento permanente por parte de la coordinación de iniciación cristiana, pastoral juvenil y expertos. Terminada esta formación inicial, estos acompañantes comunitarios tendrán también un proceso de acompañamiento por parte de la coordinación de iniciación cristiana, la pastoral juvenil y la vicaría territorial respectiva.

  1. Caracter sinodal de la formación de acompañantes y de la construcción de los itinerarios en comunidad:

Sobre este aspecto el Papa Francisco afirma: “El camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio”. Porque “lo que el Señor nos pide, en cierto sentido, ya está todo contenido en la palabra Sínodo”[21]

Un documento de la Comisión Teológica Internacional profundiza en esta insistencia del Papa[22] y hace ver que la enseñanza de la Escritura y de la Tradición atestiguan que la sinodalidad es dimensión constitutiva de la Iglesia, ya que a través de ella se manifiesta y configura como Pueblo de Dios en camino y asamblea convocada por el Señor resucitado. La sinodalidad expresa la condición de sujeto que le corresponde a toda la Iglesia y a todos en la Iglesia.

Dicho documento señala además que “la conversión pastoral para la puesta en práctica de la sinodalidad exige que se superen algunos paradigmas, todavía frecuentemente presentes en la cultura eclesiástica, porque expresan una comprensión de la Iglesia no renovada por la eclesiología de comunión. La vida sinodal de la Iglesia se realiza gracias a una efectiva comunicación de fe, vida y compromiso misionero puesta en acción entre todos sus miembros. 

Luego del sínodo sobre los jóvenes, en la exhortación “Cristo Vive”, el Papa Francisco va a destacar la sinodalidad como estilo propio de la pastoral juvenil y por lo mismo de la iniciación cristiana en estas edades y en todas las demás situaciones de iniciación: “La pastoral juvenil sólo puede ser sinodal, es decir, conformando un “caminar juntos” que implica una «valorización de los carismas que el Espíritu concede según la vocación y el rol de cada uno de los miembros (de la Iglesia), mediante un dinamismo de corresponsabilidad (…) Animados por este espíritu, podremos encaminarnos hacia una Iglesia participativa y corresponsable”.[23]

Este estilo sinodal, lo lleva también a resaltar el protagonismo juvenil: “Quiero destacar que los mismos jóvenes son agentes de la pastoral juvenil, acompañados y guiados, pero libres para encontrar caminos siempre nuevos con creatividad y audacia”.[24]

La misma sinodalidad ha de caracterizar los procesos de acompañamiento: “Los mentores no deberían llevar a los jóvenes a ser seguidores pasivos, sino más bien a caminar a su lado, dejándoles ser los protagonistas de su propio camino. Deben respetar la libertad que el joven tiene en su proceso de discernimiento y ofrecerles herramientas para que lo hagan bien. Un mentor debe confiar sinceramente en la capacidad que tiene cada joven de poder participar en la vida de la Iglesia. Por ello, un mentor debe simplemente plantar la semilla de la fe en los jóvenes, sin querer ver inmediatamente los frutos del trabajo del Espíritu Santo. Este papel no debería ser exclusivo de los sacerdotes y de la vida consagrada, sino que los laicos deberían poder igualmente ejercerlo. Por último, todos estos mentores deberían beneficiarse de una buena formación permanente”.[25]

 

[1] Esto se evidencia, sobre todo, en las Jornadas Mundiales de la juventud, en los mensajes que el Papa Francisco envía constantemente a los jóvenes y en los encuentros que realiza con los jóvenes durante sus visitas pastorales alrededor del mundo.

[2] Cfr. EG 105.

[3] Cfr. Documento final del Sínodo sobre los jóvenes 5.

[4] Documento final del Sínodo sobre los jóvenes 18.

[5] Documento final del Sínodo sobre los jóvenes 19.

[6] EG 105.

[7] Aparecida DA 277.

[8] Cfr. CELAM, Civilización del Amor. Proyecto y misión, n° 224, 254-259; DA 281.

[9] CV 230.

[10] Cfr. ASAMBLEA DE OBISPOS DE QUÉBEC, Proponer la fe hoy a los jóvenes, p.7

[11] CV 84.

[12] CV 224-228.

[13] Cfr. CV 65.

[14] CV 103.

[15] CV 204.

 

[16] Cfr. ASAMBLEA DE OBISPOS DE QUÉBEC, Proponer la fe hoy a los jóvenes, p.8

[17] DGC 185.

[18] CV 246.

[19] EG 169.

[20] CV 242-247.

[21] CONMEMORACIÓN DEL 50 ANIVERSARIO DE LA INSTITUCIÓN DEL SÍNODO DE LOS OBISPOS. DISCURSO DEL SANTO PADRE FRANCISCO, Aula Pablo VI 
Sábado 17 de octubre de 2015.

[22] COMISIÓN TEOLÓGICA INTERNACIONAL. LA SINODALIDAD ENLA VIDA 
Y EN LA MISIÓN DE LA IGLESIA, Roma 2018.

 

[23] CV 203.

[24] CV 203.

[25] CV 203.