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Iniciación cristiana de adultos bautizados

Para iniciar o reiniciar en la fe a los adultos bautizados, existen en nuestra Arquidiócesis de Bogotá diversidad de caminos igualmente válidos que acompañan esta intención. Otro camino que propone la Coordinación de Iniciación Cristiana de la Arquidiócesis de Bogotá (en adelante CICAB) y que se construye sinodalmente en la vida de esta iglesia particular, se basa en la pedagogía bíblica narrativa.

 

El origen de la propuesta surge como respuesta a una de las líneas del proyecto: "Comunidades eclesiales que inician en la fe", a cargo de CICAB, junto con la petición realizada por parte de algunos párrocos de la arquidiócesis al Vicario de Evangelización Pedro Salamanca – Obispo Auxiliar, puesto que en la Arquidiócesis de Bogotá existe un fenómeno importante relacionado con los Retiros Emaús, realidad que en corto tiempo fue tomando una fuerza cada vez mayor dentro de la vida de las parroquias.

 

Estos retiros tienen un enfoque eminentemente Kerigmático, que congrega a muchas personas interesadas en tener un encuentro con Jesús, luego se dirigen a las parroquias para continuar creciendo en su fe. Los párrocos, al recibir estas personas, sintieron inquietud sobre la manera más adecuada de poder acogerlos y acompañarlos; ellos se dirigieron al Vicario de Evangelización para solicitar algunos lineamientos básicos para acompañar a estas personas.

 

Paralelamente, CICAB dentro de sus líneas de acción en relación a la renovación de la catequesis a partir del Catecumenado Bautismal y la Catequesis de Adultos, tenía la tarea de ofrecer Itinerarios de Iniciación Cristiana para las diferentes situaciones de iniciación: niños no bautizados, catecúmenos y personas bautizadas, pero no iniciadas o con deseo de reiniciarse.

 

En este sentido, la Coordinación de Iniciación Cristiana, adelanta esta tarea para responder a la realidad existente de la arquidiócesis: "la débil adhesión a la persona de Jesús y a su proyecto de Reino".

 

Luego de un trabajo arduo, de constantes reuniones y jornadas extensas, surge la primera propuesta, construida por la CICAB junto con Nora María Bonilla, Miembro de la Junta Directiva de la Asociación Colombiana para la Educación Religiosa Católica – ACOFOREC y luego se fue alimentando con los aportes y las experiencias del profesor José María Siciliani, algunos presbíteros, los animadores al Centro de Anuncio, la escuela SALMOS, cientos de catequistas y voluntarios parroquiales quienes fueron aportando a esta propuesta y posteriormente validándola, con el fin de tener materiales consolidados, que sin ser definitivos, puedan servir de material base para el encuentro con Jesús desde la particularidad de cada comunidad eclesial.

 

Actores y sujetos

 

El encuentro con Cristo en orden a la adhesión a su persona y a su proyecto del Reino es el propósito educativo de esta propuesta de itinerario y procesos para adultos bautizados. Está orientado a todos y cada uno de los actores: comunidad cristiana, adultos y animadores de evangelización (presbíteros y catequistas). Para unos, al interior de su proceso de iniciación y de estructuración de su conversión de base y para otros al interior de sus procesos de crecimiento permanente, de cara a un proceso de redescubrimiento y de renovación de la vida cristiana.

 

Superada la existencia del “catecumenado social”, la comunidad cristiana debe recuperar lo que le es más propio: ser lugar o ámbito que invita, acoge y acompaña a los que quieren nacer y llegar a la fe mediante un itinerario catecumenal. La comunidad al ser sujeto de la iniciación, se renueva al poner en práctica enfoques catecumenales; con estos itinerarios la comunidad no sólo inicia, sino que ella misma es “reiniciada” de modo continuo y permanente. Si la comunidad es sujeto también está llamada al renovar su vida a partir del encuentro con Cristo, ya no se trata sólo de que algunos adultos tomen un curso; es toda la comunidad la que actualiza su adhesión a Cristo y su proyecto del Reino.

 

En la iniciación, la experiencia que el catecúmeno o catequizando es llamado a vivir es, en primer lugar, la experiencia de la comunidad cristiana en sus diferentes aspectos: comunitario, litúrgico, caritativo y testimonial. La comunidad, en este sentido, es el “libro abierto” que el catequizando está llamado a leer.

 

Como ambiente vital de iniciación, todos los miembros de la comunidad están llamados a ser responsables de quienes acogen el llamado a iniciarse en la fe de la Iglesia. En este sentido, los siguientes itinerarios no quedan reducidos a un libro de texto o a una serie de lecciones de fe en el aula de clase. Lograr esto es un reto para nuestras actuales comunidades y búsquedas de lo religioso donde priman lo individual y lo subjetivo.

 

Lo comunitario de la iniciación pide también una participación diferenciada y múltiple de todos los animadores de evangelización. Los adultos en iniciación no solo han de entrar en contacto con los compañeros de grupo y con un catequista, sino con todos los miembros de la comunidad y con los distintos animadores. Todo ello permite que tanto quien se inicia como la comunidad en general, vivan verdaderas experiencias de comunión eclesial con diferentes carismas, ministerios y servicios.

 

Con la puesta en práctica de estos principios se articula una doble dimensión personal y comunitaria: a) de la comunidad a la catequesis; y b) de la catequesis a la comunidad.

 

Con lo que respecta al primero, es necesario potenciar servicios de acogida por parte de los agentes de la comunidad y la progresiva integración y acompañamiento personal. En esta propuesta de itinerarios para la Arquidiócesis de Bogotá, además del catequista, se introduce una figura nueva: la del acompañante. Su misión –como bien dice su nombre- es la de acompañar a la persona de una forma cercana personal y junto con él, al ritmo de su proceso, avanzar en el camino de redescubrimiento; este acompañante debe ser una persona de fe y que la comunidad sea el apoyo para vivir su vida cristiana. En este sentido, catequistas y acompañantes se articulan en la labor de mediación eclesial para hacer de la comunidad el origen, lugar y meta de la iniciación cristiana. Por tanto, son ellos los primeros que requieren de un adecuado proceso de formación en pedagogía de adultos, de la fe y del acompañamiento.

 

En lo concerniente a la segunda dimensión, el grupo catecumenal o de catequizandos ha de reconocer que este espacio no es la comunidad, ya que la iniciación cristiana tiene un comienzo y un final, por lo que no toda la vida se está en este proceso. Este itinerario ha de durar el tiempo suficiente para iniciar, contribuyendo a la apertura hacia la vida comunitaria, cuidando el vínculo con la comunidad y la participación de la misma; pasando de la comunidad-núcleo (grupo catecumenal o de catequesis) al núcleo comunitario, que para este caso es la parroquia como entera comunidad local.

 

En relación con los adultos que se inician, afirma el Directorio General para la Catequesis, ha de evitarse todo tipo de infantilización e instrumentalización con ellos al momento de desarrollar la catequesis, es decir que se debe respetar su condición de adulto y de laico en la Iglesia. El adulto no es “destinatario” o beneficiario”, es sujeto de su propio proceso de respuesta a Dios que lo llama en la Iglesia a ser discípulo de Jesús al servicio del mundo.

 

Estructuración del itinerario

 

El itinerario denominado: "Y se quedaron con Él" está inspirado en los Evangelios y en la misma pedagogía de Jesús para formar a sus discípulos. El llamado a esta inspiración es de Aparecida: “Miramos a Jesús, el Maestro que formó personalmente a sus apóstoles y discípulos. Cristo nos da el método: “Vengan y vean” (Jn 1, 39), “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14, 6). Con Él podemos desarrollar las potencialidades que están en las personas y formar discípulos misioneros, con perseverante paciencia y sabiduría Jesús invitó a todos a su seguimiento; a quienes aceptaron seguirlo, los introdujo en el misterio del Reino de Dios y después de su muerte y resurrección, los envió a predicar la Buena Nueva en la fuerza de su Espíritu.

 

“Su estilo se vuelve emblemático para los formadores y cobra especial relevancia cuando pensamos en la paciente tarea formativa que la Iglesia debe emprender, en el nuevo contexto sociocultural de América Latina. El itinerario formativo del seguidor de Jesús hunde sus raíces en la naturaleza dinámica de la persona y en la invitación personal de Jesucristo, que llama a los suyos por su nombre, y éstos lo siguen porque conocen su voz. El Señor despertaba las aspiraciones profundas de sus discípulos y los atraía a sí, llenos de asombro. El seguimiento es fruto de una fascinación que responde al deseo de realización humana, al deseo de vida plena. El discípulo es alguien apasionado por Cristo, a quien reconoce como el maestro que lo conduce y acompaña” (DA 276-277).

 

De acuerdo con la invitación de Aparecida a inspirar los itinerarios en la pedagogía de Jesús para formar sus discípulos, en la Arquidiócesis seguimos la propuesta con base en el Evangelio de Marcos y los demás Evangelios se retoman para la estructuración y desarrollo de cada uno de los momentos. “El Evangelio de Marcos es un Evangelio hecho para esos miembros de las primitivas comunidades que comenzaban el itinerario catecumenal. El Evangelio de Marcos se puede llamar, sin duda, el Evangelio del catecúmeno”. [1]

 

En esta lectura “catecumenal” del Evangelio de Marcos, el Cardenal Martini identifica dos llamadas de Jesús a los doce: una junto al lago (Mc 1,16-20) y la otra en el monte (Mc 3,13-19). Otros estudios identifican estas dos llamadas en otros momentos: la primera junto al lago (Mc 1,16-20) y la otra al momento de la pregunta de Jesús a sus discípulos ¿quién dice la gente que soy yo?,  en el contexto del primer anuncio de la pasión (Mc 8,27-34).[2]

 

Estas dos llamadas se producen en dos situaciones diferentes y tienen exigencias muy distintas, pero con la misma finalidad. La primera llamada es el anuncio de la inminente llegada del Reino de Dios (Mc 1,14-15), por lo que se trata de una llamada en el horizonte del Reino. El contexto de la segunda llamada se da en el horizonte de la pasión (Mc 8,31-32).

 

Con ello es claro que el relato de Marcos es un relato vocacional, su principal objetivo consiste en dar a conocer la Buena Noticia de Jesús y mostrar de qué forma Jesús es el Mesías esperado de Israel. Por otro lado, da a conocer también lo que significa ser discípulo y, de acuerdo con los relatos vocacionales señalados, discípulo es el que “va detrás de Él” (Mc 1,17) y el que “está con Él” (Mc 3,14). En el origen de todo camino discipular está siempre el llamado a “ir detrás de él” o “a estar con él”. Marcos de este modo, comparte una visión de lo que significa ser discípulo y lo hace recurriendo de modo narrativo a una serie de preguntas que señalan también que llegar a ser discípulo, además de ser respuesta a un llamado, es también algo dinámico y para nada rápido ni sencillo. Estas preguntas son: “¿Qué buscan?”, “¿Maestro dónde vives”, “¿Quién dice la gente que soy yo?”, y “ustedes… ¿quién dice que soy yo?”.

 

El itinerario arquidiocesano se inspira en el evangelio de Marcos y toma entonces la siguiente estructura:

- Momento de convocatoria, acogida en la comunidad y conformación de los grupos.

  1. Etapa uno: "Llamados a estar con Él”. Momento de estructurar de modo básico la adhesión a Jesús. En este primer momento el itinerario se construye a partir del texto de Juan 1, 35 - 39.

  2. Etapa dos: "El Reino de Dios". Momento de estructurar de modo básico la adhesión al proyecto del Reino. El itinerario de este momento profundiza en las parábolas de Jesús sobre el Reino de Dios. 

  3. Etapa Tres: “Si alguno quiere venir detrás de mí”. Momento de profundizar en la llamada de Jesús a ser su discípulo. El itinerario de este momento sigue los anuncios de Jesús sobre su pasión, muerte y resurrección y los llamados a dar la vida y al servicio. 

A continuación encontrarás la guía general de este itinerario:

Guía general - Itinerario adultos bautizados.